Un tío y su sobrina pintaban con acuarelas paisajes y arcoiris en una tarde de domingo. Los colores se mezclaban con palabras y agua para lograr los matices de una sonrisa de verano, una sonrisa inocente en la cara de una niña de cinco años creyente de las hadas y los cuentos de princesas.
Después de pinceladas y risas compartidas se dirigieron hambrientos a la cocina, dejando a manos del sol las pinturas que habían hecho.
El sol cansado y caluroso se dirigió detrás de las nubes para refrescarse. Entonces comenzó a llover en la tarde de domingo donde los colores se fundían mágicamente en el cielo.
Mientras tanto el tío y su sobrina veían juntos fotografías que recordaban las sombras blancas y azules del pasado ignorando la lluvia que caía detrás de la ventana del balcón donde los papeles lloraban por la pérdida de sus felices paisajes.
Al cesar la lluvia, el sol salió una vez más para emprender su camino por el horizonte de la ciudad.
El tío y su sobrina salieron para recoger sus obras de arte ahora reducidas a blanco y humedad. La niña vio horrorizada los papeles sin color alguno en el mojado suelo del balcón y comenzó a llorar por el trabajo tirado a la basura.
El tío, siempre atento y siempre dispuesto a hacerla sonreír, miró el hermoso atardecer que crecía por encima de la ciudad.
Los colores:
El azul fue sustituido por el naranja, las nubes no eran blancas sino rosas unas y amarillas otras, y contorneando el horizonte una delgada línea morada serpenteaba contenta a la partida del sol.
La idea:
El tío maravillado del espectáculo natural, se agachó y abrazó a su sobrina. Levantó el dedo y apuntó al atardecer.
La niña miró y esperó.
Lo que pasa es que los colores van a acompañar al sol a su cita con la luna, ¿ves?
Al final del día el objetivo se había cumplido. Lograr los matices de una sonrisa de verano.
lunes, 18 de enero de 2010
domingo, 17 de enero de 2010
G.K. Chesterton.
I. En defensa de todo lo demás.
¿Cómo es posible que el mundo nos asombre y al mismo tiempo nos hallemos en él como en nuestra casa?
Traté de ser original; pero solo llegué a inventar una copia imperfecta. Porque si este libro es una broma, es una broma contra mí mismo.
II. El maniático.
La imaginación no fomenta la locura. Para ser exactos, lo que fomenta la locura es la razón. El cuento de hadas relata lo que hará un hombre cuerdo en un mundo loco. Loco es el hombre que ha perdido todo menos la razón.
¡Cuánto más grande sería su vida si usted se empequeñeciera en ella!
Es absurdo decir que avanza especialmente la liberación, cuando el libre pensamiento sólo se usa para destruir la voluntad libre.
Siempre es peligroso para la mente penetrar la mente.
III. El suicidio del pensamiento.
El hombre cuyo corazón no se ablande, acabará con los sesos reblandecidos. Sin humildad es imposible gozar de nada; ni aun de la soberbia. Pero la nueva humildad hace que el hombre dude de su meta, lo cual lo conduce a cesar su esfuerzo por completo.
El amor del héroe es más terrible que el odio del tirano. El odio del héroe es más generoso que el amor del filántropo.
Ese peligro consiste en que el intelecto humano es libre de autodestruirse. Su propia capacidad de goce destruía la mitad de sus goces. Procurándose placeres, perdió el placer principal; porque el principal placer es la sorpresa.
La evasión fracasó. La admiración frenética de la ilegalidad y la adoración materialista de la ley, terminan en la misma nada.
No es posible pensar si no hay nada en qué pensar.
¿Cómo es posible que el mundo nos asombre y al mismo tiempo nos hallemos en él como en nuestra casa?
Traté de ser original; pero solo llegué a inventar una copia imperfecta. Porque si este libro es una broma, es una broma contra mí mismo.
II. El maniático.
La imaginación no fomenta la locura. Para ser exactos, lo que fomenta la locura es la razón. El cuento de hadas relata lo que hará un hombre cuerdo en un mundo loco. Loco es el hombre que ha perdido todo menos la razón.
¡Cuánto más grande sería su vida si usted se empequeñeciera en ella!
Es absurdo decir que avanza especialmente la liberación, cuando el libre pensamiento sólo se usa para destruir la voluntad libre.
Siempre es peligroso para la mente penetrar la mente.
III. El suicidio del pensamiento.
El hombre cuyo corazón no se ablande, acabará con los sesos reblandecidos. Sin humildad es imposible gozar de nada; ni aun de la soberbia. Pero la nueva humildad hace que el hombre dude de su meta, lo cual lo conduce a cesar su esfuerzo por completo.
El amor del héroe es más terrible que el odio del tirano. El odio del héroe es más generoso que el amor del filántropo.
Ese peligro consiste en que el intelecto humano es libre de autodestruirse. Su propia capacidad de goce destruía la mitad de sus goces. Procurándose placeres, perdió el placer principal; porque el principal placer es la sorpresa.
La evasión fracasó. La admiración frenética de la ilegalidad y la adoración materialista de la ley, terminan en la misma nada.
No es posible pensar si no hay nada en qué pensar.
domingo, 29 de noviembre de 2009
Para los amantes de la música
Para todos los que les guste descubrir nueva música les presento un proyecto.
Se trata de un blog en el que el equipo básico hace grabaciones acústicas de bandas gustosas de participar en el proyecto para hacer mayor la difusión de su música. JuandemandóalaTierra productions y Pasto films hacen de este proyecto una realidad que apoya a músicos indie mexicanos y ¿por qué no? internacionales.
Es una propuesta interesante, les dejo el link del blog http://www.bssessions.blogspot.com/
Es una propuesta interesante, les dejo el link del blog http://www.bssessions.blogspot.com/
domingo, 25 de octubre de 2009
Una película mixta sin clasificación.
Todavía faltan algunos tragos. ¡La luna se empezó a poner rosa! Vayamos rápido que la noche es corta en instantes de luz que parpadean como una mariposa sube y baja revoloteando y vuelta corazón de un hombre sin dolor que viene y va en una vida sin razón cómo la de una libélula morada con rojo cuando amanece se refleja y ve y escucha la canción de la ciudad que nunca duerme ni se puede esconder cuando tiene miedo y cuando corre por el parque en el universo de color leopardo corre sin parar en una velocidad infinita sin mirar atrás porque el tiempo fluye como el agua turbia ahora clara en momentos que pasan brincando y jugando en un terraplén alto tan alto que alcanza a hablar con el viento y cuenta los secretos de dos amantes de papel. Todavía queda un trago. ¡El árbol cambia de color a morado y azul! Deja de correr por un instante y déjate acariciar por la brisa que refresca con menta y hierba buena cerrando los ojos despeinando tu pelo y perfumándote de espuma de mar que cuenta una y mil historias de piratas enamorados de una botella de ron que siente y se atormenta con la marea de una tormenta que sopla y trae tres flechas negras con naranja dulce de temporada cuando las abejas se acercan y zumban bailando un walz de electrónica combinación por el músico y su enigmático violín de nubes que cambian de forma cada seis segundos que parpadean los ojos turquesa de la princesa atrapada en la torre del faro que ilumina el cuarto del niño sin sueño soñando despierto en paletas y jardines de azúcar.
Se acabó el trago. ¡Fantástica maravilla cambiante de sintonías de radio volador! Acércate sólo un poco más y despacio hazme estallar en un cielo de quince de septiembre con colores contrastantes con la obscuridad brillante de un sol sin mañana cálida de serpientes platicadoras y risueñas sin preocupación religiosa tardía en un coche a mil por hora con destino a la cazuela debajo de un arco iris sin lluvia que no cae gota por gota en una jarra de agua de limón agrio que amarra la lengua que besa una boca cantando al quinto kilómetro sin aliento y ganas de seguir corriendo y sudando en una playera color flash que sale por la cámara Kodak capturando un momento de emoción y llanto ansioso.
Tiro el envase al suelo y se rompe en añicos. ¡Vaya corazón que palpita en un paradigma de palabras y clave de sol!
Se acabó el trago. ¡Fantástica maravilla cambiante de sintonías de radio volador! Acércate sólo un poco más y despacio hazme estallar en un cielo de quince de septiembre con colores contrastantes con la obscuridad brillante de un sol sin mañana cálida de serpientes platicadoras y risueñas sin preocupación religiosa tardía en un coche a mil por hora con destino a la cazuela debajo de un arco iris sin lluvia que no cae gota por gota en una jarra de agua de limón agrio que amarra la lengua que besa una boca cantando al quinto kilómetro sin aliento y ganas de seguir corriendo y sudando en una playera color flash que sale por la cámara Kodak capturando un momento de emoción y llanto ansioso.
Tiro el envase al suelo y se rompe en añicos. ¡Vaya corazón que palpita en un paradigma de palabras y clave de sol!
sábado, 19 de septiembre de 2009
Stop the season stop the sting, a plastic mic a broken string, infected wound from a rusty ring.
-¡!..¿Qué fue eso?
-Mierda, ¡lo vi venir lo vi venir!
-¡Soy paramédica me tengo que bajar! ¡Abre los seguros, me tengo que bajar!
-¡No espérate!
-¡Soy paramédica me tengo que bajar!
…
-¡Vamos, vamos!
-Corre.
(Cruzan la calle, hay vidrios en el suelo) (Una camioneta y un auto negro chocados tapan los cuatro carriles de Av. Constituyentes)
(Gritando)
-¡Acá! Ayúdame
-¡Bájense todos! ¿Hay algún herido?
-¿Qué pasó? No vi nada, me duele la rodilla
-No mames no mames, la camioneta está echa mierda
-Señor marque al 060 por favor
-¡Ey rápido! Ayúdame a llevarlo a la banqueta
-Carajo la señora está inconciente
-Vamos, corre.
…
(En el auto negro)
-Señora responda
-¡No despierta, no despierta!
-Tenemos que despejar vías aéreas
-Está en shock
…
(En la banqueta)
-Tranquilo ¿estás bien?
-Me está entrando sangre al ojo
-¡Quédate aquí!
…
(En el auto negro)
-Bien, ya está respondiendo
-Tengo cáncer
-Tranquila señora ya viene la ambulancia
-¡Tengo cáncer!
-Tranquila señora ya viene la ambulancia
…
(En la banqueta)
-¿Estoy muy mal?
-No, sólo está hinchado pero no es nada
-Gracias
-No hay de qué
-Gracias
-No hay de qué
-¿Qué pasó?
-El coche venía en sentido contrario
…
(En el auto)
-¡Mi amor! ¡Mi amor! ¿Qué te pasó?
-Por favor señor dé un paso atrás
-¡Tengo cáncer!
-¡Mi amor todo saldrá bien!
-¡Ya llegó la ambulancia!
(En la banqueta)
-Gracias a Dios están bien
-Gracias
-No hay de qué, en serio
-¿Eres mi ángel de la guarda?
(En la ambulancia)
-¡Tenemos una señora en shock, alto grado de ebriedad, se metió en sentido contrario, alta frecuencia cardiaca!
(En la banqueta)
-¿Eres mi ángel de la guarda?
-No. Venía en la camioneta de atrás
-Eres mi ángel de la guarda
…
-¡Ya vámonos!
…
-Adiós.

-Mierda, ¡lo vi venir lo vi venir!
-¡Soy paramédica me tengo que bajar! ¡Abre los seguros, me tengo que bajar!
-¡No espérate!
-¡Soy paramédica me tengo que bajar!
…
-¡Vamos, vamos!
-Corre.
(Cruzan la calle, hay vidrios en el suelo) (Una camioneta y un auto negro chocados tapan los cuatro carriles de Av. Constituyentes)
(Gritando)
-¡Acá! Ayúdame
-¡Bájense todos! ¿Hay algún herido?
-¿Qué pasó? No vi nada, me duele la rodilla
-No mames no mames, la camioneta está echa mierda
-Señor marque al 060 por favor
-¡Ey rápido! Ayúdame a llevarlo a la banqueta
-Carajo la señora está inconciente
-Vamos, corre.
…
(En el auto negro)
-Señora responda
-¡No despierta, no despierta!
-Tenemos que despejar vías aéreas
-Está en shock
…
(En la banqueta)
-Tranquilo ¿estás bien?
-Me está entrando sangre al ojo
-¡Quédate aquí!
…
(En el auto negro)
-Bien, ya está respondiendo
-Tengo cáncer
-Tranquila señora ya viene la ambulancia
-¡Tengo cáncer!
-Tranquila señora ya viene la ambulancia
…
(En la banqueta)
-¿Estoy muy mal?
-No, sólo está hinchado pero no es nada
-Gracias
-No hay de qué
-Gracias
-No hay de qué
-¿Qué pasó?
-El coche venía en sentido contrario
…
(En el auto)
-¡Mi amor! ¡Mi amor! ¿Qué te pasó?
-Por favor señor dé un paso atrás
-¡Tengo cáncer!
-¡Mi amor todo saldrá bien!
-¡Ya llegó la ambulancia!
(En la banqueta)
-Gracias a Dios están bien
-Gracias
-No hay de qué, en serio
-¿Eres mi ángel de la guarda?
(En la ambulancia)
-¡Tenemos una señora en shock, alto grado de ebriedad, se metió en sentido contrario, alta frecuencia cardiaca!
(En la banqueta)
-¿Eres mi ángel de la guarda?
-No. Venía en la camioneta de atrás
-Eres mi ángel de la guarda
…
-¡Ya vámonos!
…
-Adiós.
viernes, 31 de julio de 2009
Entre polvo y cemento
Me impresioné muchísimo aquel fin de semana. Mi papá nos llevó al mercado de flores de Xochimilco a ver que plantas íbamos a poner en la jardinera porque ya estamos hartos de ver el mismo estilo de siempre en el jardín (admito que me duele muchísimo quitar la bugambilia que lleva ahí desde que compraron la casa, mucho antes que yo naciera). En fin, sólo íbamos a curiosear.
He ido a ese mercado desde hace mucho, desde que tengo memoria, a mi papá siempre le han gustado las plantas… y no se porqué nunca había notado tantísimo arte escondido en esos puestos de alambre casi derrumbados, tal vez ese día me levanté mas impresionable que la mayoría de las mañanas. Dejemos atrás todos los jarrones y macetas (que no es que las desprecie, pero es algo más normal… igual no les quito crédito, son verdaderas artesanías), pasamos en frente de un puesto que estaba adornado de unas figuras de unos flamingos y unos pelícanos bastante curiosos, que digo curiosos, ¡si estaban muy bien hechos! Me acerqué y le di unos golpecitos a un flamingo para ver de qué estaba hecho, me llevé una sorpresa, estaba realmente duro, no como el barro ni nada parecido. Le pregunté a mi papá si sabía de qué estaba hecho, le dio unos golpecitos y echó una carcajada. ¡Órale! Están hechos de cemento. ¿Cemento? Pues sí.
En eso salió un señor ya mayor lleno de arrugas y noté sus manos. Estaban llenas de polvo gris y debajo de ese polvo se encontraban numerosas cicatrices ganadas por una vida de arduo trabajo. ¿Les puedo ofrecer algo? Les doy precio sin compromiso. ¿Cómo hace las figuras? ¿Tiene moldes? Nos sonrió con los dientes que le quedaban. No no, las hago con cemento y varillas de construcción. Con un ademán nos dijo que pasáramos.
De verdad me quedé asombrada.
Estaba llenísimo de tierra, el techo hecho de una lona azul y alambre. Había una mesa de madera, sin duda hecha a mano, donde se encontraba una figura a medio hacer, un dragoncito. En ambos costados del puesto se encontraban repisas cubiertas de herramientas y tierra, había figurillas grandes y chicas. Pajaritos, lagartijas, ranas, cocodrilos y hasta el fondo un dragón gigante echando fuego por las fauces… increíble.
Todo lo hago a mano, sólo hago pequeños modelos con alambre. Me tendió la mano con una figurilla como de 5 x 6 cm del flamingo que se encontraba afuera.
Primero doblo las varillas y hago la forma, después le doy vida con el cemento. ¡Como un edificio! Después las pinto. Nos sonreía fascinado. Acaricié la cabeza de un pajarito amarillo.
Y yo soy la que quiere estudiar arte… quería llorar. Pienso que la vida nunca es justa ¿por qué yo tengo la oportunidad de una beca? Cuando este artista escondido vende sus piezas de arte para alimentar a su mujer. Pues muchas felicidades, lo que usted hace es arte. Yo tenía los ojos llenos de lágrimas de admiración. Le estreché la mano. Sonrió y no pudo contener las lágrimas de agradecimiento. Muchas gracias. No hombre, gracias usted.
Aprendí demasiado ese día.
Por todos los artistas escondidos entre polvo y puestos. Entre humildad y pobreza.
Me volví y salí del puesto sin palabras. De camino y el resto del día me quedé ausente y callada tratando de sacar mi cara “artística”, pero después de esa mañana, me tardé un buen tiempo en tomar valor y salir otra vez.
He ido a ese mercado desde hace mucho, desde que tengo memoria, a mi papá siempre le han gustado las plantas… y no se porqué nunca había notado tantísimo arte escondido en esos puestos de alambre casi derrumbados, tal vez ese día me levanté mas impresionable que la mayoría de las mañanas. Dejemos atrás todos los jarrones y macetas (que no es que las desprecie, pero es algo más normal… igual no les quito crédito, son verdaderas artesanías), pasamos en frente de un puesto que estaba adornado de unas figuras de unos flamingos y unos pelícanos bastante curiosos, que digo curiosos, ¡si estaban muy bien hechos! Me acerqué y le di unos golpecitos a un flamingo para ver de qué estaba hecho, me llevé una sorpresa, estaba realmente duro, no como el barro ni nada parecido. Le pregunté a mi papá si sabía de qué estaba hecho, le dio unos golpecitos y echó una carcajada. ¡Órale! Están hechos de cemento. ¿Cemento? Pues sí.
En eso salió un señor ya mayor lleno de arrugas y noté sus manos. Estaban llenas de polvo gris y debajo de ese polvo se encontraban numerosas cicatrices ganadas por una vida de arduo trabajo. ¿Les puedo ofrecer algo? Les doy precio sin compromiso. ¿Cómo hace las figuras? ¿Tiene moldes? Nos sonrió con los dientes que le quedaban. No no, las hago con cemento y varillas de construcción. Con un ademán nos dijo que pasáramos.
De verdad me quedé asombrada.
Estaba llenísimo de tierra, el techo hecho de una lona azul y alambre. Había una mesa de madera, sin duda hecha a mano, donde se encontraba una figura a medio hacer, un dragoncito. En ambos costados del puesto se encontraban repisas cubiertas de herramientas y tierra, había figurillas grandes y chicas. Pajaritos, lagartijas, ranas, cocodrilos y hasta el fondo un dragón gigante echando fuego por las fauces… increíble.
Todo lo hago a mano, sólo hago pequeños modelos con alambre. Me tendió la mano con una figurilla como de 5 x 6 cm del flamingo que se encontraba afuera.
Primero doblo las varillas y hago la forma, después le doy vida con el cemento. ¡Como un edificio! Después las pinto. Nos sonreía fascinado. Acaricié la cabeza de un pajarito amarillo.
Y yo soy la que quiere estudiar arte… quería llorar. Pienso que la vida nunca es justa ¿por qué yo tengo la oportunidad de una beca? Cuando este artista escondido vende sus piezas de arte para alimentar a su mujer. Pues muchas felicidades, lo que usted hace es arte. Yo tenía los ojos llenos de lágrimas de admiración. Le estreché la mano. Sonrió y no pudo contener las lágrimas de agradecimiento. Muchas gracias. No hombre, gracias usted.
Aprendí demasiado ese día.
Por todos los artistas escondidos entre polvo y puestos. Entre humildad y pobreza.
Me volví y salí del puesto sin palabras. De camino y el resto del día me quedé ausente y callada tratando de sacar mi cara “artística”, pero después de esa mañana, me tardé un buen tiempo en tomar valor y salir otra vez.
viernes, 10 de julio de 2009
El abismo de Helm
Se encontraban escondidos en la guarida. El miedo se podía oler en el aire.
Tambores. Tambores. Las mujeres abrazaban a sus pequeños pues los grandes se encontraban fuera, luchando por su vida. ¿Sobrevivirían a tal ataque? No tenían la más mínima idea ¿Volverían a ver a sus esposos? ¿A sus hijos mayores?
Tambores. Tambores. Dentro de la guarida nadie hablaba, las mujeres se limitaban a mirarse unas a otras con lágrimas de preocupación y miedo. Escuchaban los gritos de los hombres, el chocar de las armas, los suspiros de muerte. Podían casi oler el sudor y la sangre de los soldados caídos en la guerra que se debatía unos metros arriba del techo del abismo. Las luces de las antorchas creaban sombras que le daban un toque aún más trágico y siniestro a la escena, como si fueran las mismas sombras de los soldados en guerra.
Un cuerno sonó, refuerzos para los hombres habían llegado, las mujeres abrazaban aún más fuerte a sus hijos, como si sus hijos fueran esa luz de esperanza recobrada y a la que no querían renunciar.
De pronto, se escucharon fuertes golpes en la puerta, el pánico se abalanzó sobre la gente escondida que ahora cerraba los ojos para imaginar que estaban en algún recóndito lugar, donde no los pudieran encontrar. Donde la guerra, el miedo, el odio y la sangre no se juntaran de ninguna manera. Más golpes. ¿Serían los mismos hombres presos por el miedo que querían regresar desesperados a la guarida, o serían los mismos enemigos asesinos de sus maridos e hijos que venían por más sangre?
Nadie era capaz de moverse un centímetro, sus cuerpos se encontraban paralizados, a penas se atrevían a respirar.
Tras un último golpe, la puerta finalmente cedió. La luz blanca incandescente del nuevo día entró segando por completo a los que se encontraban dentro de la guarida. Mujeres jóvenes, mujeres viejas, niños, niñas. ¿Sería la luz del rescate, de la esperanza? …¿o sería la última luz que verían en su vida?
Tambores. Tambores. Las mujeres abrazaban a sus pequeños pues los grandes se encontraban fuera, luchando por su vida. ¿Sobrevivirían a tal ataque? No tenían la más mínima idea ¿Volverían a ver a sus esposos? ¿A sus hijos mayores?
Tambores. Tambores. Dentro de la guarida nadie hablaba, las mujeres se limitaban a mirarse unas a otras con lágrimas de preocupación y miedo. Escuchaban los gritos de los hombres, el chocar de las armas, los suspiros de muerte. Podían casi oler el sudor y la sangre de los soldados caídos en la guerra que se debatía unos metros arriba del techo del abismo. Las luces de las antorchas creaban sombras que le daban un toque aún más trágico y siniestro a la escena, como si fueran las mismas sombras de los soldados en guerra.
Un cuerno sonó, refuerzos para los hombres habían llegado, las mujeres abrazaban aún más fuerte a sus hijos, como si sus hijos fueran esa luz de esperanza recobrada y a la que no querían renunciar.
De pronto, se escucharon fuertes golpes en la puerta, el pánico se abalanzó sobre la gente escondida que ahora cerraba los ojos para imaginar que estaban en algún recóndito lugar, donde no los pudieran encontrar. Donde la guerra, el miedo, el odio y la sangre no se juntaran de ninguna manera. Más golpes. ¿Serían los mismos hombres presos por el miedo que querían regresar desesperados a la guarida, o serían los mismos enemigos asesinos de sus maridos e hijos que venían por más sangre?
Nadie era capaz de moverse un centímetro, sus cuerpos se encontraban paralizados, a penas se atrevían a respirar.
Tras un último golpe, la puerta finalmente cedió. La luz blanca incandescente del nuevo día entró segando por completo a los que se encontraban dentro de la guarida. Mujeres jóvenes, mujeres viejas, niños, niñas. ¿Sería la luz del rescate, de la esperanza? …¿o sería la última luz que verían en su vida?
viernes, 19 de junio de 2009
Arte bajo el agua
viernes, 12 de junio de 2009
Colmo
Veamos, no tengo la más remota idea de lo que iré a escribir ahora, pero siento la necesidad de sacar algo que todavía no se que es, de cualquier forma, no a más de tres moscas se les antojará leer mi blog.
Me encuentro sentada sin nada que hacer (recalcando el castigo en el que me encuentro… y odio), tengo calor y tengo sed. Estoy enojada y mucho.
¿Qué maldito sentido tiene encontrarse en este maldito estado? Trato mil veces de convencerme como siempre lo hago “ya María José todo es mental”… caray pero hoy no puedo ni conmigo… ni siquiera quise escribir primero en papel como acostumbro por fastidio a ver mi propia letra que no me gusta ni tantito.
Odio el enojo, odio el castigo, odio mi estupidez y odio mi odio.
Y ya no quiero escribir más… que absurda.
Me encuentro sentada sin nada que hacer (recalcando el castigo en el que me encuentro… y odio), tengo calor y tengo sed. Estoy enojada y mucho.
¿Qué maldito sentido tiene encontrarse en este maldito estado? Trato mil veces de convencerme como siempre lo hago “ya María José todo es mental”… caray pero hoy no puedo ni conmigo… ni siquiera quise escribir primero en papel como acostumbro por fastidio a ver mi propia letra que no me gusta ni tantito.
Odio el enojo, odio el castigo, odio mi estupidez y odio mi odio.
Y ya no quiero escribir más… que absurda.
sábado, 9 de mayo de 2009
ZEITGEIST: a 10 week writing competition about the spirit of the times.
My 150th birthday.
She’s sitting on her rocking chair all day long, watching the same people crossing front her door.
Days go by, night trough night, moon by moon, and she’s sitting on her rocking chair all day long, watching the same people growing old crossing front her door.
Her hair is sweetly white, her face full of wrinkles. Deep dark eyes, thin pale lips, not sure of making a smile or a sad expression; delicate soft hands holding.
Her legs ache, her back ache, her hands ache, her foot ache. And she’s sitting in her rocking chair still.
She’s all alone and thinks – happy birthday dear, another year, happy birthday dear Leonel-.
Dear Leonel has sons, dear Leonel has grandchildren, dear Leonel has great grandchildren, dear Leonel had a dear Fred, passed away long ago. She’s sitting on her rocking chair still.
Death has forgotten her for it has had to take her a few years ago.
She calls out her cat, her only company, looks at its eyes, and remembers.
Singing lullabies recalls her infancy, now whistling recalls her youth and crying recalls her loving marriage. Cries in vain, she knows he won’t come back.
Then she smiles remembering faces, young faces, grown faces, her sons’ faces, her great and grand children’s faces. Even though she has loose strength to play and enjoy with them, dear Leonel loves them, and they love her back.
Still today she’s all alone sitting on her rocking chair. But she’s ok. All alone.
Her cat looks at her eyes, if it could only understand why her eyes where so deep.
Deep in memories, some happy, some sad. Full of live, full of death, full of weakness, full of strength.
But those memories keep her alive, for every wrinkle she has it’s a different experience in life.
And every ache it’s another pill, every new pain it’s a new medical recipe. She doesn’t care about technology; she doesn’t care if that’s the cause of her so prolonged life, what she cares about its how long she’ll be next to her dear Fred.
Counting every day she makes a scratch on the rocking chair’s arm, since that fatal day. However she doesn’t want death, she wants life, she wants dear Fred alive.
From the rocking chair she can see an old portrait of her with a tall not so handsome man, with a big smile and black hair. With dear Fred holding hands.
Delicate soft hands holding.
It’s not medicine what keeps dear Leonel alive, its life itself, its love.
She’s sitting on her rocking chair all day long, watching the same people growing old crossing front her door. She looks back fondly. She looks back sadly.
And still she looks forward hopefully, just living day by day, for the years dear Fred had taken from her.
She’s all alone and thinks - happy birthday dear, another year, happy birthday dear Leonel-.
She watches the world go old with her from her front door.
It’s not medicine what keeps dear Leonel alive, its love. Its love.
She’s sitting on her rocking chair all day long, watching the same people crossing front her door.
Days go by, night trough night, moon by moon, and she’s sitting on her rocking chair all day long, watching the same people growing old crossing front her door.
Her hair is sweetly white, her face full of wrinkles. Deep dark eyes, thin pale lips, not sure of making a smile or a sad expression; delicate soft hands holding.
Her legs ache, her back ache, her hands ache, her foot ache. And she’s sitting in her rocking chair still.
She’s all alone and thinks – happy birthday dear, another year, happy birthday dear Leonel-.
Dear Leonel has sons, dear Leonel has grandchildren, dear Leonel has great grandchildren, dear Leonel had a dear Fred, passed away long ago. She’s sitting on her rocking chair still.
Death has forgotten her for it has had to take her a few years ago.
She calls out her cat, her only company, looks at its eyes, and remembers.
Singing lullabies recalls her infancy, now whistling recalls her youth and crying recalls her loving marriage. Cries in vain, she knows he won’t come back.
Then she smiles remembering faces, young faces, grown faces, her sons’ faces, her great and grand children’s faces. Even though she has loose strength to play and enjoy with them, dear Leonel loves them, and they love her back.
Still today she’s all alone sitting on her rocking chair. But she’s ok. All alone.
Her cat looks at her eyes, if it could only understand why her eyes where so deep.
Deep in memories, some happy, some sad. Full of live, full of death, full of weakness, full of strength.
But those memories keep her alive, for every wrinkle she has it’s a different experience in life.
And every ache it’s another pill, every new pain it’s a new medical recipe. She doesn’t care about technology; she doesn’t care if that’s the cause of her so prolonged life, what she cares about its how long she’ll be next to her dear Fred.
Counting every day she makes a scratch on the rocking chair’s arm, since that fatal day. However she doesn’t want death, she wants life, she wants dear Fred alive.
From the rocking chair she can see an old portrait of her with a tall not so handsome man, with a big smile and black hair. With dear Fred holding hands.
Delicate soft hands holding.
It’s not medicine what keeps dear Leonel alive, its life itself, its love.
She’s sitting on her rocking chair all day long, watching the same people growing old crossing front her door. She looks back fondly. She looks back sadly.
And still she looks forward hopefully, just living day by day, for the years dear Fred had taken from her.
She’s all alone and thinks - happy birthday dear, another year, happy birthday dear Leonel-.
She watches the world go old with her from her front door.
It’s not medicine what keeps dear Leonel alive, its love. Its love.
miércoles, 6 de mayo de 2009
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